duranteeldesidio:

Después de tres largas lecturas de tres diferentes historias escritas por tres personas distintas me puse a pensar en tí. Tal vez sea el tema de soledad que invade cada una de las obras que me dediqué a analizar el día de hoy. Aunque también puede ser que siempre he pensado en ti y hoy me dueles más porque no estás. En fin, sólo quería desahogarme de alguna manera tan típica de mi, o sea escribiendo. Me emociona la idea de que, a pesar de tanto que hemos sufrido en nuestro pasado, por fin logramos comprender la grandeza de lo indefinido. Muchas cosas a nuestro alrededor eran tan claras y concisas, como que el cielo es azul porque sí y las nubes son casi siempre blancas. Sin embargo, no nos habíamos percatado de que lo que estábamos buscando tú y yo estaba frente a nuestras narices. 

Cabe la posibilidad de que nunca haya estado buscando algo tal cuál lo que eres, pero si algo he comprendido con tu presencia es que cualquier cosa que yo necesitara en este instante en mi vida no tengo que seguir buscándolo porque creo firmemente que ya lo he encontrado en ti. 

Alguna vez te escribí que eras el soporte que perdí hace tiempo cuando creí que no sobreviviría a la triste ausencia de mi pasado. Y creo recordar que hace poco mencionaste que te encelaste de la poca extensión o el poco espacio que dediqué aquella vez a escribirte comparado con el de alguien más. Me enternece imaginarte ahorita mismo viéndome escribir y escribirte algo más que un mensaje de texto, como esos románticos modernistas que sueles enviarme a diario; veo tu carita y tus dos ojos con ese brillo casi mágico. Cada vez que te pienso mi mente te proyecta así, sonriente y feliz a mi lado. 

Pienso que no es sólo lo que eres y no es sólo tu mirada y tu tacto para demostrarme que me quieres, si ahora soy feliz es porque tú me enseñaste a ver la vida de otra manera. Y no estoy hablando de los últimos siete días, amor. No. Yo hablo de toda la vida. Desde hace un año y medio que te conocí supe que eras tú y nadie más.  Ahora no tengo nada más que hacer mas que decirte que te quiero y estoy eternamente agradecida. 

- Laurencia 

andyrexia:

Fact 337.

duranteeldesidio:

—Güey, ¿ubicas a un güey súper guapo, amigo del otro güey con quien te besaste hace una semana, güey? Así, divino, güey. Que no mames, neta.—
—No, güey. Ya ni me acuerdo con que güey me besé ayer siquiera, güey. Neta, güey, qué oso. Güeeeey.—

En eso consistió un tercio de mi “finde”, considerando que el fin de semana cuenta con tres días, entonces ese “un tercio” sería el sábado. Si de por si es disque feriado que porque los mexicanos somos bien “chingones”. Luego con tanto ambiente tan cambiante pues más.

Todo comenzó nefasto. Primero porque el maldito examen final de física, esta vez fue en serio, estuvo perrísimo. De que te daban la tabla del tres y te pedían calcular la distancia de Júpiter al Sol con escala en Marte. Si paso es porque encomendé mi alma a Peña Nieto que porque según sí cumple. (NB al Partido Verde: incluir en su propuesta de campaña “si el gobierno no te pone un 100 en el final de física que te lo pague”.) Entonces, ya saben, estaba así bien agüitada porque si repruebo no me gradúo y a la mera hora me avisan que por obra de “Dios Nuestro Señor” todo en mi carrera tiene que ver con la materia que más probabilidades tengo de reprobar. No es justo. En mis tiempos todo era a la antigüita. Ahora, ya no hay respeto ni nada. Qué pesados todos.

Entonces, saliendo del examen, estuvimos ahí todos los de sexto de la fuente echando el coto y fumando acá bien a gusto. “Ya tú sabe”. Y que de repente, así de la nada, aparece ese ser inmundo, cerdo capitalista de mierda, que me acelera tanto el corazón y me deja sin una sola palabra. Ni hola puedo decir cuando lo veo, qué asco. Se me paraliza el mundo si está cerca. Para colmo, con todo y mis atributos carnales, me ignoró. Ne-fas-to. Y yo así de Güeeey, hola. Estoy bien buena. ¿Qué no me ves? Y él así de Sí güey, no mames. Me fue pésimo en el examen. Pero, bueno. Supongo que mis planes de conquista se verán frustrados por su poca capacidad para percibir-me. Y tengo que conformarme con verlo intentar partir una manzana por la mitad, cual cavernícola, con ambas manos. Es como el paraíso, sinceramente.

En fin, el plan era que yo, así bien inteligente y sexy, le ayudaría a “estudiar” para el final de Cálculo. Pero el tipo es tan lento que yo creo que ni “flasheándolo” se atrevería a besarme la boca. Ni modo. Siempre me los consigo bien raros a los hombres. Entonces como ni me peló, pues me fui. Bien ruda, o sea. Obviamente.

Todo en mi casa fue irrelevante así que me saltaré toda esa parte tan aburrida porque seguramente me dormí tres horas para reposar el cerebro de tanta basura que tenia dentro. Por ahí de las dos de la tarde manejé hasta Toluca. Loquísimo. La carretera era de un solo carril y para colmo llovía. No, qué llovía ni que ocho cuartos, DILUVIABA, for real. Y yo ahí, tan hardcore, o sea. Cuatro horas en la carretera. Todo para llegar a “partyhardear” con mis amiguitos fresas del Ceyca. (¿Así o más guapos todos?) Llegando a Toluca luego luego de fiesta toda la noche. Fuimos al Café Oriental que de café sólo tiene las puertas de los baños y de oriental ni los meseros. Es como un mini antro para gente rica y fresa. Ni tan ricos, el cóver fue de $50.00 y te regalaban un shot de quien sabe cuál alcohol baratillo. Pero la gente estaba muy bien, eh. MUY BIEN. Así de que se me acercó un tipo y me pidió una probada. Obvio le dije que sí. La shisha estaba buenísima. Luego, en la mesa, las chavas hablando de no sé quien con el que se besó que es de sexto y está bien bueno y pues no es por presumir pero el mío está más carita. Ah, sí, pero el mío tiene un BMW Z4. Bueno, pero a mi novio le compré un reloj Armani de aniversario. Es que lo amo. Según yo le pusiste el cuerno hace dos semanas. Ah, no pude, equis güey.

Así que ya saben, perlas negras, redbull, tequila, shisha, cigarros, el Canelo, los guapos del Ceyca y yo. Buena noche.

Saliendo de ahí fuimos a un hotel. City Junior, le dicen. Haha, qué oso. Llegué y, neta qué oso, una parejita como de veintidós, acá bien cachondos, pidiendo una habitación porque les gusta vivir la vida al límite o yo que sé. Pinche burguesía joven, se van a coger a un hotel cuatro estrellas. Ya ni yo que soy fina. De todos modos cualquier lugar es bueno para un coito casual.

Ahora son las tres de la mañana y yo sigo sin entender como es que dejé a Oliveira por un mirrey que aparte es millonario, diré legionario. Mejor quémenme en la hoguera porque mañana me levanto temprano a estudiar. Aún no se termina la prepa, maldita sea. ¿Por qué, Josefina? Nos fallaste, Josefina.

- Laurencia

duranteeldesidio:

Hay días en los que dices pasado y te acuerdas de los pantalones acampanados y la televisión en blanco y negro.

En los que dices pasado y te acuerdas de Adolf Hitler y sus campos de concentración.

En los que dices pasado y te acuerdas de que la talla once solía ser la seis y que ahora la doble cero es la talla dos.

En los que dices pasado y te acuerdas de la ilusión de despertar el día de Navidad y Reyes Magos.

En los que dices pasado y te acuerdas de cuando te cortaste el brazo por primera vez y cómo corría la sangre hacia tu muñeca y pensaste que si lo volvías a hacer te ibas a morir desangrada y, obviamente, no fue así ni la centésima vez.

En los que dices pasado y te acuerdas de cuando creías en que los deseos a las estrellas fugaces sí podían hacerse realidad.

En los que dices pasado y te acuerdas del mejor sexo de tu vida.

En los que dices pasado y te acuerdas de la película de Medianoche en París cuando el protagonista viaja en el tiempo y conoce a sus héroes, que a la vez son los tuyos.

En los que dices pasado y te acuerdas, o intentas acordarte, de la mejor fiesta a la que has ido y que vomitaste a las tres de la mañana en los zapatos de tu hermana.

En los que dices pasado y te acuerdas de La Dama de las Camelias y Alejandro Dumas, Fuenteovejuna y Lope de Vega, Macbeth y William Shakespeare, Justine y Sade, Los Miserables y Víctor Hugo.

En los que dices pasado y te acuerdas de la primera vez que vomitaste el pastel de chocolate y juraste en vano que jamás lo volverías a hacer.

En los que dices pasado y es como si dijeras reclusión, como si gritaras afónica que no estás de acuerdo con las reglas y que la vida es injusta y que si no crees en el verdadero amor es porque estás viviendo la tercera separación de tus padres y que estás cansada de fingir indiferencia ante la seria complejidad de no saber qué hacer para liberarte de ellos y de ti misma.

En los que dices pasado y te acuerdas del sillón de la sala donde perdiste tu virginidad.

En los que dices pasado y te acuerdas de cuando dejaste de ser una niña y empezaste a ser una mujer. Luego te acuerdas del instante en que ya no te buscaban los hombres para platicar y caminar y ya no te miraban a los ojos. De la vez en que te besaron y en vez de tocarte el alma te tocaron la espalda y más abajo y del momento en que dejaste de ser interesante y te convertiste en un frenesí.

En los que dices pasado y te acuerdas del concierto de Metallica en San Diego de 1992.

En los que dices pasado y dices que nunca volverás, y si vuelves a decir pasado, dices un silencio bastaba, tu nombre bastaba, tus manos bastaban, tú bastabas.

En los que dices pasado y te preguntas qué, de todo lo que has vivido, será lo que revivas en el último día, minuto o segundo de tu vida y si eso que reviviste seguirá contigo a lo largo de tu muerte, si es que tiene sentido que la muerte y los recuerdos son los únicos que siguen existiendo cuando la vida ya terminó.

En los que dices pasado y ves los golpes en la espalda, las cachetadas, los empujones contra la pared, el sangrado nocturno de la nariz, las migrañas, el insomnio, las comparaciones con tu prima o con tu hermana, los exámenes reprobados, las veces que te has sentido inútil, insoportable, insaciable.

En los que dices pasado y te acuerdas del terremoto del 85.

En los que dices pasado y piensas en tus antecedentes de trastornos mentales y el suicidio de aquel familiar que sufría de bipolaridad y la obsesión de tu padre y de tu abuela y te invade el miedo de tener la razón de que algún día terminarás siendo lo que siempre has temido ser.

En los que dices pasado y dices comida vegetariana.

En los que dices pasado y dices “los mexicanos no tenemos memoria”. Pero también “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

En los que dices pasado y dices: o aprendo o aprehendo.

En los que dices pasado alegre y no sabes lo que dices. Pero si dices pasado desahuciado, sí.

En los que dices pasado y te acuerdas de Sylvia Plath y Susanna Kaysen enclaustradas en un hospital psiquiátrico en los sesentas. Y luego piensas en cómo te has dejado influenciar por ellas que te hicieron pensar que quince aspirinas no sólo curan el dolor de cabeza sino que también sanan el dolor del corazón.

En los que dices pasado y te acuerdas de que quieres estudiar Arquitectura desde hace diez años.

En los que dices pasado y dices Antigua Grecia.

En los que dices pasado y dices literatura.

En los que dices pasado y dices Disneyland.

En los que dices pasado y dices arte.

En los que dices pasado y dices anorexia y bulimia.

En los que dices pasado y dices depresión.

Hay días en los que dices pasado y ves a una niña en una habitación cuadrada con paredes blancas. Ahí está, encerrada a solas con su pasado como una rata en un laboratorio. Ella y su pasado, solos, compartiendo las cuatro paredes de un espacio claustrofóbico, con el espejo y su reflejo frente a ella y sus recuerdos por detrás. La soledad es su silencioso vigilante. Su mente acecha su tranquilidad, sumergiéndola en un profundo río de amargura. Y cuando ha obtenido de ella toda su energía la transforma en forma de lágrimas y sollozos. A veces a las tres de la mañana, hay días que le duele más a las cinco de la tarde. Siempre con el mismo desenlace, la permanente descomposición de su seguridad y autoestima. Las lágrimas tienen distintas historias detrás de ellas, unas son de un recuerdo olvidado, otras son de un olvido recordado. En cambio hay otras que no tienen una historia concreta o que tengan un final. Éstas son las que más lastiman.

Su pasado y ella.

O ella y su pasado.

Los dos solos, durante los últimos diecisiete meses de su vida, arrancándose las ganas de convivir en ese espacio cerrado con las blancas paredes y la vista hacia la luna que la acuna. El pasado está, más bien, presente. Siempre despierta, siempre resucita, siempre vuelve. Cuando el pasado vuelve, es su obsesión; cuando se va, su amargura.

Hay días en los que dices pasado y vuelves a ver a esa niña, capaz de amar con el alma entera, escondida ahora debajo de las sábanas de una cama matrimonial que en este momento es demasiado grande para su mísero cuerpo desganado. Amarrada de nuevo a su pasado, al que, mientras escribe por enésima vez que ya dejará atrás para empezar a ser libre, recuerda como un sueño, como una ficción originada muy dentro de ella sin saber si quiera si fue, es o será real algún día en su futuro. Aunque sabe que, probablemente, esa historia ya haya encontrado un final.

Hay días en los que dices pasado y no dices primer amor. En cambio, siempre que dices primer amor dices pasado.

andyrexia:

No me gusta pensar que cuando dos personas están destinadas a estar juntas van a reencontrarse al final del camino. De hecho, sólo de pensarlo me da una tristeza insoportable. Es irremediable y deprimente imaginar que eso suceda, no sólo porque es inaudito, sino porque ¿de qué sirve? Bueno, sí, es verdad que si realmente amas a alguien la esperanza es lo último que muere. Y así pensaba yo antes. Es mejor reencontrarse al final a pesar de tanto sufrimiento que ya no volver a verse nunca. Sin embargo, sería mucho mejor decir que cuando dos personas están destinadas a estar juntas van a reencontrarse a mitad del camino. Así no sólo vive la esperanza sino la ilusión junto a ella. Qué mejor que encontrar a ese hombre (o a esa mujer) que perdiste y creíste jamás volvería y seguir caminando a su lado desde la mitad del camino hasta el final. Si lo encuentras al final del camino lo más probable es que el amor muera si ya no hay camino que recorrer, ¿no creen? Bueno, al menos eso es lo que yo siento.  

duranteeldesidio:

Hacía calor el día que nos conocimos y fue en ese día, en cuanto te vi, que supe que a tu lado todo sería risas y pasiones atrabancadas. Teníamos todo y nada en común; todo cuando nos odiábamos, nada cuando nos amábamos. Si estábamos bien, llorábamos; si estábamos mal, reíamos. Nada era como debía ser y a la vez todo era tal cuál como lo imaginábamos. Nos adorábamos más cuando no queríamos volver a vernos nunca y tenernos era un martirio porque al volvernos a alejar no había más esperanza que otro día más juntos.

Nuestro amor fue más un sacrificio que una aventura. Yo creo que por eso brindó más frutos que cualquier otra clase de travesía que pudiéramos hacer en nuestras vidas. Un año contigo me bastó para darme cuenta que no encontraré a nadie ni la mitad de poderoso de lo que tú fuiste para mi. Poderoso porque tuviste en tus manos todo de mí, no te faltó nada para convertirme en parte de tus tesoros y jamás me perdiste, una gran parte de mí sigue perteneciendo-te aunque yo lo niegue más cada día. 

La vida tiene una forma de decirles que nunca se van a dejar ir. Tú lo has vivido. Somos todos una mitad buscando a ser un entero, por eso el amor, por eso la infinita cacería de un corazón ajeno para robar. Al final, tú lo has dicho, todo en el amor es robado. Te robé el corazón, tú me robaste un beso, nos robamos una historia, ellos se robaron un sueño. Todos hemos sido víctimas de la alegría que conlleva amar a otro semejante con toda el alma, pero nos regodeamos en el dolor, en el miedo a estar solos. No es que el amor exista porque sí. No, el amor no existe, existe el miedo a morir sin nadie a tu lado. Existe una necesidad desesperanzada de una mejor vida. Yo a tu lado soy feliz, sin ti también, pero no me dejes sola. 

Dos meses contigo y empezamos a volar hasta perdernos. Amor, por ti di la vida y lo volvería a hacer si aún me quedara aliento para regalarte unas horas más a mi lado. Nos amamos por egocéntricos y, como dirías tú ahora, wankers. Eramos unos niños, no sabíamos lo que hacíamos y aún así, después de tres años hemos decidido que si tuviéramos de nuevo otra oportunidad lo volveríamos a hacer todo mal, porque mal fue más divertido.

Soñábamos con las olas, queríamos aprender a flotar en vez de nadar. Nuestro amor se convirtió en una corriente y yo, como escritora, preferiría pertenecer a ella que a cualquier otra. Te digo que te amé porque, aunque sé que aún te quiero, ya no me muero si no estás aquí. Pero aún sueño contigo, con besarte la frente, con acariciarte el cabello, con trazar dibujos en tus brazos con mis manos, con acariciarte la espalda. Sueño con el viaje que nos prometimos y, aunque tuvimos bastantes durante nuestra relación (por la droga que consumían nuestras bocas al besarse), aún espero ese amorío en el bosque y perdernos entre los árboles escuchando la naturaleza. Aún sueño con tus pasos tras los míos, a pesar de que ahora mire atrás y ya no estés.  

“Dos de Junio del 2010, a seis meses de nuestro primer capítulo.

Mi vida, ¿puedes creerlo? Sólo medio año y para mi ya se sienten como seis. A tu lado sólo quiero detener el tiempo y éste pasa muy rápido. Quisiera estar contigo toda la eternidad. Ni siquiera sé cómo empezar, quisiera comenzar por decirte que estoy inmensamente feliz y emocionado. Nadie en este mundo sabría lo mucho que te amo, estoy seguro, porque nunca ha amado tanto como yo te he amado a ti.

Antes de morir, mi abuelo me contó una anécota. Me dijo que el día que conoció a mi abuela, un cinco de agosto (qué ironía que el mismo día que tus abuelos se conocieron nosotros nos separamos), supo que era amor a primera vista. En la universidad era muy cómplicado el amor, sin embargo él decidió acercarse y buscarla. La sorpresa le causo a ella un sentimiento de invasión. Imagínate, hasta pensaba que era un acosador, amor. Así que lo empezó a evitar, como yo llegué a evitarte a ti. Mi abuelo era un luchador pero había perdido la batalla contra ella. Empezó a sentir que no había esperanza ni una sola pizca de posibilidad, así que la dejó ir aunque nunca fue suya. Para sorpresa de ella, esto fue algo terriblemente desconcertante. Lo extrañaba tanto…

Una noche ella lo vió. Mi abuelo estaba en el escenario, frente a un piano, con toda la pasión por la música en sus manos y en su corazón. Qué curioso, ¿no crees? Ella se enamoró de él al verlo ahí, delante de ella, tocando una pieza con todo su amor. Al igual que tú te interesaste en mi por primera vez gracias a eso mismo, gracias al piano (sí, recuerdo haberle dicho a mis amigas que estaba enamorada de ti por ti y por el piano y por la música). 

Mi abuelo siempre me dijo que la música es la expresión artística más hermosa que puede existir en el mundo. A la vez, yo pienso que esa expresión artística eres tú. También me dijo que amar es lo más sincero que una persona puede sentir. Creo que ahora realmente lo entiendo, gracias a él, gracias a ti. Recuerdo que ese mismo día me mencionó algo más. Dijo claramente “las lágrimas derramadas por alguien que amas son las únicas lágrimas que valen la pena”. Por eso no sufro de acordarme cuánto he llorado por ti. Al final todo a sido risas y felicidad. Tú entre mis brazos y yo amándote con todo el corazón.

Así que si tuviera que arriesgar mi vida por ti, lo haría. Eres tú a quien quiero proteger y amar hasta mi muerte. Eres tú quien ha tomado un lugar sumamente especial en mí. Eres tú quien me ha hecho uno solo.

Siendote sincero, nunca me consideré el mejor hombre para ti. Hubo monetos en los que pensaba que estar conmigo te hacía daño. Sufrías tanto a mi lado. Luego pensaba que yo sin ti no era nada. Sin ti me muero, lo digo en serio. Sin ti ya no sé vivir. Pensé que el dolor de perderte era aún peor que el dolor de verte sufrir. Qué egoista. Es por eso que sigo luchando, porque si te dejo ir, jamás volveré a encontrar a alguien a quien pueda amar tanto como te amo a ti. Eres mi vida. Eres absolutamente todo para mi y te amaré por siempre, para siempre, sin fin.

Por último, gracias. Gracias por tu tiempo. Gracias por tus ganas. Gracias por mi vida. Gracias por tu amor. Gracias por ser tú misma. Gracias por hacerme a mi alguien digno de ser recordado. Porque eso quiero ser, el hombre que más te ha querido, al que le cambiaste la vida.”

Ahora aquí me ves, un año y medio después, besándote en sueños, despierta. Me ves suplicándote con la mirada que nunca me abandones, que jamás te vuelvas a ir. Me ves extrañándote antes de alejarte de mi. Me ves llorando por dentro, en silencio, tu ausencia. Y a la vez ya no me ves porque ya no me conoces. Que, según tú, soy feliz sin ti. No es cierto. Que, según tú, ahora estoy mejor. Tampoco. Y sí, te quiero. Aunque, no, ya no voy a sufrir por tu pérdida. 

Ahora aquí me ves, con otro. ¿Te duele? Tal vez sí, en secreto. Sólo quisiera que supieras que podría estar en brazos de alguien más y seguiría siendo irrelevante, ya que mi corazón se quedó en tus manos esa noche que me dedicaste, por primera vez, una canción en aquel piano.  

duranteeldesidio:

Que se me hace que la verdadera belleza del arte no está en lo que vez, imaginas o percibes. Ni en lo que quiere expresar ni en lo que te hace pensar. La verdadera belleza del arte está en los detalles. En el destello de luz dorada antes del anochecer. En el ultimo brillo de la luna al amanecer….

duranteeldesidio:

Tengo una manía de sólo escribir siempre y cuando tenga algo, ya sea simple o complejo, que decir. Heme aquí escribiendo esta noche y sin alguna otra razón mas que la aflicción que me está consumiendo por dentro. Día tras día es una lidia, una terrible disputa, entre callarme o decirte lo que…

Escribir es lo único que sé hacer.